26 ene. 2014

AUSENTES LOS PARADOS: RESPUESTA ABSURDA DEL GOBIERNO


He leído esta mañana el artículo semanal en El País de mi admirado Manolo Rivas, sobre la cabalística gubernamental que celebra el descenso del paro cuando se han destruido muchos más empleos en España en 2013. Nunca podré ni soñar con tener su capacidad para juntar palabras y expresar pensamientos, pero sí que, torpemente, quisiera hacer de altavoz de su mensaje en mi blog. Y desarrollar algo más esa idea, que él aprovecha para evocar la emigración por la que hoy desfilan las personas cualificadas, como motivo evidente en esta especie de paradoja de que baje el paro y se destruya empleo al mismo tiempo.
Pero el recuento necesita de otras explicaciones. Hay demasiados ausentes. No computarlos es una respuesta absurda de la gente, como dice el tango de Malena Muyala. Detrás hay otros motivos, como los pescadores del palangre cuando a sus viudas les dicen que desaparecieron en el mar y, en realidad, se los papó un tiburón. O como las personas transexuales que han tenido que empezar otra vida seguramente muy lejos. Dónde estás estos ausentes de la lista del paro constituye un ejercicio de saudade porque muy difícilmente volverán.
Dejar de estar en las estadísticas y camuflarse del recuento es una decisión muy tenaz. Es algo más que un dejarse ir, porque implica desaparecer y volverse invisible para las políticas públicas. Es darle un portazo a los servicios de empleo, a los públicos y a los privados. Es mirarlos con desprecio y decirles que no les sirven ni les servirán absolutamente para nada. Implica dejarse arrastrar hacia el sumidero de lo informal, del trabajo no declarado y de la economía irregular.
En Galicia tenemos un índice de paro algo por debajo del promedio español. No por ninguna virtud de nuestra economía, sino porque contamos con una población pasiva porcentualmente gigantesca. Así es más fácil que el desempleo no alcance cifras por encima del 30 por 100. El paro es relativamente menos alto por deserción de demandantes de empleo, no por absorción de éstos por el mercado de trabajo. En España pasa lo mismo: el paro baja por deserción, no por absorción, aunque el porcentaje relativo de pasivos no es tan alto.
Es decir, se destruye empleo y baja el paro. La población activa se achata. Los desempleados cualificados se marchan de España y los no cualificados se marchan del registro de parados. Es lógico pensar que el agotamiento de las prestaciones y subsidios de desempleo propicia este tipo de conductas, como pone de manifiesto que el presupuesto de cobertura del desempleo sea menguante, porque cada vez hay menos desempleados protegidos en España. Y, como hay menos desempleados protegidos, hay menos desempleados registrados. Los cachondos de Nuevos Ministerios quieren apurar más el silogismo y decir que hay menos desempleados registrados porque hay menos desempleados.
¿Hay menos desempleados? Según. Si desempleado es el que pretende obtener empleo, seguramente hay muchos menos, porque cada vez hay más gente que ya ni lo pretende. Todo es un problema de cómo se hacen los números. Pero si el asunto se contemplase desde el otro lado del espejo, a lo mejor estaba más claro. Es decir, si cada vez hay menos porcentaje de población activa, a lo mejor es que tenemos un problema.
Hoy me encontré a muchos de esos. En la puerta del supermercado, en los semáforos en rojo, paseando a personas mayores por la calle, vendiendo cds…Por supuesto, la gran mayoría de los desertores de las listas de demandantes de empleo son más invisibles. Están todos muy lejos de volver al mercado de trabajo formal.
Las cifras de desempleo en España van a dejar de ser importantes, porque no dicen nada. No es que no sean todos los que están –sospecha que atenaza a Mrs. Báñez, vistos los esfuerzos entregados a la persecución del fraude en el desempleo-. Lo malo es que no están todos los que son, sino unos pocos. El desempleado registrado en España es una especie diezmada por las políticas del Gobierno. El empleo se destruye no para que crezca el desempleo, sino para que desaparezcan los desempleados. Vamos camino de convertirnos en un país sin empleados ni desempleados. Por ahora, destrucción de empleo y crecimiento del desempleo han dejado de ser vasos comunicantes. Este es el éxito del PP: conseguir que destruyan empleos, pero que no suba el paro.

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