9 nov. 2012

YO LA CATEARÍA



               Hace años yo era un poco más duro, pero ya no tengo el cuerpo para dejar a mucha gente suspensa. Además, he de reconocer que tengo unos alumnos y alumnas que no me merezco. Así que ni siquiera me dan motivos. Por eso me ha llamado tanto la atención hoy la comparecencia de Sor Fátima ante los medios de comunicación para hablar del nuevo Real Decreto que regula el contrato para la formación y el aprendizaje. Mañana no podré decir en clase que es necesario hablar bien en público para el desarrollo de una profesión cualificada en el ámbito de las relaciones laborales. Me contestarán que, por lo menos, puedes ser un farfullas y llegar a Ministro de Empleo. No es claro que en el escalafón del Papo ser Ministro de Empleo se considere una profesión cualificada, pero al parecer se puede acceder a la zona reservada de la Moncloa y tener coche oficial, de esos que ahora la vicepresidenta dice que van a escatimar mucho.
Que la elocuencia no sea virtud de Sor valga. He aprobado a muchos que se ponían muy nerviosos en un examen oral. Pero si aún encima no tiene ni idea de qué habla, la cosa pinta peor. El desempleo, en el contrato para la formación, no se reconoció a partir de la reforma de 2012. Tampoco en la reforma de 2012 se estableció el 25 por 100 mínimo de tiempo dedicado a formación. Y la idea de engarzar el contrato en el sistema de cualificaciones ya se desarrolló ampliamente en el Real Decreto-ley de agosto 2011. Tampoco es una novedad el tema de la teleformación, aunque sí un enorme paso atrás para solaz de empresarios medianamente defraudadores. Por supuesto, en el discurso de Doña Fátima el contrato no tiene una trayectoria histórica, y mucho menos se reconoce que la reforma de 2012 con respecto a esta modalidad no es sino un pequeño retoque de la anterior de 2011.
Pero lo más grosero e indocumentado de su discurso se refiere a la ampliación del colectivo destinatario hasta los treinta años. Como se sabe –bueno, lo sabemos los que algo estudiamos derecho del trabajo- esa ampliación se introdujo en 2011 como una medida transitoria hasta 2013, a fin de absorber los parados ya no tan jóvenes de la construcción sin cualificar. La reforma de 2012 extiende la ampliación hasta que el desempleo baje del 15 por 100. Es decir, ad kalendas graecas. Lo coyuntural se convierte en estructural, no al servicio de un problema concreto, sino del abaratamiento de las condiciones de trabajo.
Bueno, habría muchas más cosas, pero no estoy para escuchar otra vez cómo balbucea la señora Báñez, que ya es tarde. Si quiere aprobar conmigo, más que rezar a la virgen, debía hacerme llegar unas buenas botellas de aceite de oliva virgen, que con lo de la paga extra suprimida los funcionarios nos vendemos muy barato. Pero, dado el tema de hoy, se nota que la ministra no tuvo una transición fácil del mundo académico al profesional. Aunque, al final, le va bastante bien. Salvo cuando la obligan a hablar en público.