24 jun. 2016

LA UNIÓN EUROPEA SIN EL REINO UNIDO: EN TORNO A LA EUROPA SOCIAL


              




Las concesiones a los euro-conservadores han sido totalmente inútiles en el referéndum de ayer. El Reino Unido se va y todo el grupo de partidos xenófobos lo celebra como un éxito propio, igual que otros gobernantes o candidatos bien conocidos de otras partes del mundo. Se piden referenda similares en otros Estados Miembros y se abomina de la burocracia de Bruselas. Pero este desapego no es exclusivo del espectro político que más lo ventila. La verdad incómoda es que solo el mundo liberal y pseudo-socialdemócrata defiende con claridad las instituciones de la Unión. Yo mismo he estado afiliado hasta hace muy poco a una formación política a veces despectiva para con la UE.

                Las concesiones del Consejo Europeo de febrero al Primer Ministro inglés ahora cesante han sido vergonzosas, en particular en el aspecto social. La normativa intergubernamental de control de la deuda ha sido una apisonadora de derechos y ha empobrecido hasta el límite a las personas de los Estados en dificultades. La ciudadanía europea es un cascarón vacío de contenido en la Europa de los desiguales. La soflama de la invasión de extranjeros que ponían en peligro la sostenibilidad de los países ricos ha sido una metástasis mortal que ha enterrado la solidaridad de las clases populares en Europa. Hay que reconocer que, en Reino Unido, ha sido la clase trabajadora la determinante del éxito del Brexit. No han ganado los pijos como Boris Johnson, sino los desempleados de Gales, los beneficiarios de los subsidios sociales de Notingham o los estibadores portuarios de Grimsby.

                Es decir, la extrema-derecha tóxica y tosca que crece en Europa ha vencido, por encima de los mass-media y de los poderes fácticos. Porque enfrente no había nada más que grandes dosis de shareholders, enriquecimientos desproporcionados, libre circulación de mercancías y tráfico de capitales, que deberían fluir libremente a espaldas del bienestar general. Esta es la idea grotesca de Europa que expresaban la mayoría de los tabloides británicos con la honrosa excepción de The Guardian/The Observer. La Europa de dos velocidades fuera del Eurogrupo, fuera de la Carta de Niza, fuera de la crisis de refugiados, la del asqueroso cheque británico…era la del sí. En el otro lado de la permanencia, un Partido Laborista acomplejado…y solo y convincente, el Scottish National Party. Enfrente, los otros tories, Nigel Farage y su Partido de la Independencia del Reino Unido ¡Al que se han agarrado los desposeídos!

                Ahora se va el Reino Unido y nos queda una tristeza inmensa. Pero creo que también nos queda la lección bien aprendida: a los ciudadanos solo se les gana con más Europa social y más entidad e identidad europea. Se ha ido el factor moderador –yo diría el factor retardatario- británico. La receta contra la desbandada es una mayor integración de personas. Las cesiones a los euro-realistas, además de ineficaces, son contraproducentes. Los liberales del Partido Popular Europeo no tienen ninguna razón. Hay que exigirles que nos entreguen la antorcha de Europa de una vez.

                Ahora circulan libremente las mercancías, los capitales y los servicios, pero no las personas. El viejo compromiso entre unos Estados que mantenían las prestaciones sociales y una Unión Europea que garantizaba las grandes libertades se ha roto porque ambas partes han incumplido. En consecuencia, hay que repensarlo. La UE tiene que ser la del salario mínimo, la de generar mínimos de subsistencia que neutralicen a los gobiernos de extrema derecha de Polonia o Hungría, por ejemplo. La de una mayor integración política que pueda sostener estándares de dignidad. O será eso o no será nada.

                Toca ahora generar identidad y sentido de pertenencia, para que los rumanos, los búlgaros o los polacos se perciban exactamente como iguales de los demás. Para que existan redes de protección social y derechos de los trabajadores con niveles razonablemente dignos y homólogos en toda Europa. Solo así se le tapa la boca a Farage, Le Pen, a Wilders y a sus cómplices del Este Orbán y Szydlo y otros. Y solo así hay un futuro para Europa.

12 jun. 2016

BREXIT: NON TODOS SON ARGUMENTOS DE UTILIDADE






O Reino Unido entrou na CEE na primeira ampliación, no 1973, xuntamente con Irlanda e Dinamarca. A historia da súa pertenza é sinuosa e complexa e reflicte sempre certa imaxe de desapego ao proxecto de construción europea. Xa ás portas do referéndum do 23 de xuño, o debate político para convencer aos votantes apela a consideracións máis racionais e de utilidade que afectivas e ideolóxicas, cando menos no bando da oposición á saída da UE.

Desde o outro lado do espello, dos que non votamos, habería tamén argumentos racionais, mesmo para desexar o Brexit. Moitos deles están reflectidos no acordo de entendemento do Consello da Unión Europea de febreiro do 2016: a súa aposta por ficar fóra da Unión Monetaria, de non dar banzos na integración fiscal, de non pertencer ao espazo Schengen, de non se vincular pola Carta de Dereitos Fundamentais, pola súa alerxia ao empuxe de políticas sociais comúns e á libre circulación de persoas…En termos xerais, a postura británica nas institucións da UE case sempre foi a de atrancar os proxectos máis ambiciosos de desenvolvemento político. Por suposto argumentos hainos, e máis, para querer que siga como Estado membro desde unha perspectiva racional.

Pero quizáis haxa que pór maior énfase nos elementos máis subxectivos do debate. É certo que a Unión Europea non é Europa, aínda que moitas veces incurramos nesa sinécdoque e falemos, sen máis, de Europa. Pero tamén o é que unha integración intensa está na idea orixinaria dos pais fundadores. E moi en particular, de Winston Churchill. Habería que lembrarlles aos tories que o seu líder carismático foi o máis egrexio defensor dos Estados Unidos de Europa, moi alén dos cativos horizontes de unidade de mercado que hoxendía defenden os euro-realistas capitaneados por David Cameron.

Aínda que haxa que aturar unha rebaixa dos dereitos de libre circulación de persoas ou certa perda de entidade da cidadanía europea. Por máis que teñamos que renunciar cara ao futuro a exportar as prestacións familiares dos emigrantes galegos que van traballar ao Reino Unido ou a outro país da Unión Europea, agora que á[U1]  nosa mocidade lle toca outra vez marchar. Por moito que o Goberno británico sempre manteña a ollada crítica ás perspectivas federais. Os que aínda cremos na capacidade integradora do proxecto do 1957 non podemos desexar que ninguén marche. É certo que Cameron xa gañou coas cesións do Consello de febreiro 2016, por máis que nas Illas parezan moi cativas. Pero tamén o é que todos os demáis gañaríamos cunha mensaxe de reforzo da UE nesta época de crise do seu modelo.

(publicado no diario Atlántico o 12 xuño 2016)


 [U1]