22 feb. 2012

¿QUÉ HAY MENOS DIGNO QUE TENER MIEDO?

(escrito en castellano para su mayor difusión, con todo afecto y querencia por la lengua que primero aprendí y mejor domino, pero sin olvidar nunca la agresión del “Goberno” de la Xunta contra una lengua minoritaria que quieren extinguir, desvergonzadamente).

Siempre ha estado muy clara la relación directa que hay en España entre que mande el PP y que retrocedan los derechos civiles. Las últimas maniobras de los ministros de Justicia y de Educación resultan, en lenguaje francamente amable, muy inquietantes. Pero la reforma laboral constituye el más grosero ejercicio de atemorizar a la población que -por ahora- han puesto en marcha.
¿Cómo se siente la población trabajadora desde el pasado 12 de febrero? Amenazada. Esa es la sensación general. Desamparada a causa de una reforma que desata las más radicales potestades de dirección de la empresa sin que ofrezca las más pequeñas dosis de amparo para quienes pierdan un empleo. Es muy coherente que cierto líder empresarial pida ahora un recorte de la prestación de desempleo. ¡Estamos "fartos" de amenazas! Quiere mandar a todos los parados y paradas a Laponia. Llama la atención cómo sea ahora la patronal la que pretenda practicar ciertas medidas que evocan las purgas soviéticas. ¿Qué diferencia hay entre mandar a Laponia y mandar a Siberia? ¿Qué culpa distinta tienen quienes pierden su empleo de quienes recibían esas extrañas “curativas” de un Estado realmente opresor?
Pues la población siente pánico. Algo tan poco deseable para una sociedad que define teóricamente la dignidad como el valor superior de su ordenamiento jurídico –art. 10 de la Constitución-. ¿Tiene la reforma algo que ver con la flexiseguridad? Probablemente sea su pariente pobre, como pobre es el Sur de Europa, siempre golpeado por el autoritarismo. Pero la flexibilidad requiere, en el modelo europeo, un campo de desarrollo calificado como seguro, en el que las personas puedan crecer y mejorar en sus carreras profesionales. Eso es lo que enseño en clase, cada vez con un poco más de rubor al contemplar cuánto se lo creen Olli Rehn, Durao Barroso y compañía –entre otros, para vergüenza colectiva, Joaquín Almunia-. Con todo, la seguridad que siente un demandante de empleo danés, o francés, o alemán, tiene mucho que ver con un estatus de ciudadanía al que algún día aspiramos en España.
Pero el PP ya ha encontrado el caldo de cultivo en el que más a gusto actúa. El temor del súbdito que asegura una respuesta débil, casi impercentible. Eso es lo que creen. Y esa es la consideración estratégica para no corregir ni una coma de su objetivo depredador de libertades, de sueños y de esperanzas. Desde el domingo pasado saben que los sindicatos deben ser diana prioritaria de su campaña de difamación, porque no estaban tan desenfocados como pensaban, ni tan enajenados de la poblamación desempleada.
El miedo no nos hace más productivos ni más eficaces ni más comprometidos con las empresas. El miedo genera resentimiento. Empobrece y endurece la sensibilidad de las personas. Quizá suscite obediencia en el corto plazo, pero no es asumible como proyecto vital de una sociedad. Cuando la amenaza se hace efectiva, las personas expulsadas del mercado de trabajo y de la sociedad ya no tienen nada que perder.
Sí, tienen que perder la cobertura social. Ésta no aparece por ninguna parte en la reforma. Sólo se cita cuando se dan graciosas bonificaciones en la Seguridad Social e incentivos fiscales, en grave detrimento de las arcas públicas. Pero proteger socialmente es costoso e ineficaz para la derecha. ¡No vayamos a convertirnos en una sociedad de parados haraganes! ¿Sabéis qué es proteger socialmente? Es peligroso para ellos. Porque el miedo del Gobierno consiste en una sociedad libre e igualitaria de ciudadanos y ciudadanas dignos. Probablemente la reforma es la paráfrasis del miedo a la libertad. Miedo reverencial que siempre ha profesado la derecha de este país.

1 comentario:

  1. Lo peor es que se está realizando una campaña de desprestigio de los sindicatos (no hay más que ver la portada de la Razón: http://www.elplural.com/wp-content/uploads/razonsin-633x794.jpg o la de la Gaceta: http://www.elplural.com/wp-content/uploads/gacetasin.jpg), tratando de dañar su imagen, y la gente se lo traga todo, se queda con esa idea y no ve más allá.

    No sé si es impresión mía, pero creo que gran parte de la población no es consciente del grave problema que tenemos y de lo que se nos viene encima.
    He estado hablando con amigos y conocidos sobre el tema (con desconocimiento en materia jurídica o económica) y, aunque confesaban no sentirse a gusto con los cambios e incluso tener miedo, consideraban que los recortes, las medidas… ¡eran necesarias! Me he sentido realmente impotente al intentar explicarles la magnitud de la reforma y ver que su reacción era ya de resignación. ¡¿Es que nadie va a hacer nada?! Por mucho que gritemos una minoría, nuestro esfuerzo será en vano si la gente prefiere quedar parada y atenerse a lo que hay. Así nunca avanzaremos.

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