16 mar. 2013

MONÓLOGO DO VELLO TRABALLADOR (sobre el RD-LEI 5/2013, “de medidas para favorecer la continuidad da vida laboral…)




Dinlle ao patrón a frol do meu esforzo
 i a miña mocidade. Nada teño.
O patrón está rico á miña conta,
Eu, á súa, estou vello.


Esta estrofa, de la Longa Noite de pedra de Celso Emilio Ferreiro, expresa muy bien el sentido de la norma de urgencia que ayer se aprobó en Moncloa. Sin complejos. Sin la más mínima interlocución con las partes sociales. Sin el más mínimo consenso político. ¿Qué más da? Dentro de unas semanas, esos 185 dedos autómatas de la mayoría absoluta del Congreso perpetrarán una nueva agresión a las personas de menores recursos convalidando el Real Decreto-ley con la excusa de que es necesario preservar el equilibrio del sistema. Claro que sí. Pero, ¿por qué no se meten con las pensiones de mayor cuantía, sino siempre con los mismos?

Hace tiempo que mostré mi oposición a ese desastre que fue la Ley 27/2011 –la última reforma de la Seguridad Social- porque perjudicaba espectacularmente a las pensiones de menor cuantía y las expectativas de los trabajadores más vulnerables. Pero, por lo menos, esa reforma contaba con la legitimidad política y la de los interlocutores sociales. Este Real Decreto-ley que hoy se publica en el BOE solo cuenta con la legitimidad de esa mayoría arrogante de la derecha más zafia y revanchista, alérgica al principio constitucional de promoción de la igualdad material.

No voy a aburrir con un comentario técnico de la reforma, pero sí que pondré de manifiesto sus aspectos más lamentables:
Primero.-  Endurecimiento de la jubilación anticipada. No discuto que haya que endurecer la voluntaria, pero no la no obligatoria. Ya es muy desprotector que los que no alcancen la pensión mínima sin complementos a mínimos no puedan optar a la jubilación, animalada que hizo la Ley 27/2011 con el único objetivo reconocible de situar por debajo del umbral de la pobreza a muchas personas. Ahora se incrementa el coeficiente reductor de la pensión. Con el propósito evidente de castigar a los trabajadores que han sido expulsados del mercado de trabajo. En términos actuariales, y para quienes tienen carreras de cotización de 33 años, el coeficiente es desproporcionadamente alto. Si a eso le llama el Gobierno “favorecer la continuidad de la vida laboral” es que estamos todos locos. Se trata de un colectivo que ha sido expulsado del mercado de trabajo. Ya es bastante que les maltrate el mercado para que ahora los maltrate la Seguridad Social. Pero parece que al PP no le preocupa esta “chusma”.
Segundo.- Nuevo candado para la jubilación parcial. La reforma anterior se cargó la jubilación parcial en las pequeñas empresas obligándose a cotizar por la totalidad de la jornada que le correspondería hacer al trabajador parcialmente jubilado. Los trabajadores de las empresas auxiliares parece que no son dignos de la jubilación parcial. Ahora se limita el porcentaje de jubilación al 50 por 100, y además se exige una carrera de cotización de 33 años. Lo del 50 por 100 –solo ampliable al 75 por 100 si el relevista es contratado a jornada completa- pone muy de manifiesto qué poco ha entendido la alegre muchachada que asesora a Sor Fátima que, ya desde las épocas de Jacques Delors, la jubilación se concibe en Europa como un proceso y no como un suceso. Y que nada han estudiado esos chicos, porque el tema de la jubilación flexible es un tópico en avance, no en retroceso, allá donde hay políticas sociales civilizadas.
Tercero.- Se lamina en la práctica el subsidio para mayores de 55 años. Eso es gravísimo, porque se le despoja de todos sus rasgos que tiene de puente a la jubilación. No es tanto la cuantía del subsidio- que también- sino sobre todo la cotización al 125 por 100 de la base mínima. Poco futuro le aguardo a esta cotización, dispendiosa para la derecha rancia. Aplicar a este subsidio el requisito general de carencia de rentas de la unidad familiar produce que las personas excluidas pasan a ser siempre personas económicamente a cargo de otras. Es decir, los trabajadores maduros pierden el único apoyo que tenían. Solo les queda por delante la dependencia económica más soez. Hasta que lleguen a la edad de la pensión de jubilación. Que claro, será una pensión mínima, por mucho que acrediten largas carreras de cotización.
Y es de película de Fellini que un precepto de esta norma califique al colectivo de mayores de 55 años como destinatario principal de las políticas de empleo. Y que alguien se crea que en estas épocas serán ellos los primeros que salgan del paro. Por favor, ¡dejémonos de coñas!
Y cuarto.- El regalo a sus huestes: ya no va a haber que hacer la aportación al Tesoro Público en las empresas con beneficios. Basta con cargar la mano más con los trabajadores de menos de 50 años para que los despidos de los mayores también queden libres de la aportación. Ya me tardaba que ayudaran a sus amigos en este tema. Desde estas letras le doy mi más efusiva enhorabuena a César Alierta y a los amarillos de la Telefónica.

Podría seguirse, pero ya basta. Insisto en que esta norma es muy injusta. Habrá que recortar, no lo discuto. Pero habrá que recortar por otro sitio, por las pensiones altas, no por las bajas. En estas épocas recesivas, podría plantearse el umbral máximo de lo protegible. Pero lastimar a los más indefensos es propio de un gobierno de matones asilvestrados. Así se garantiza la Seguridad Social…para unos pocos. Y que no nos llamen imbéciles: a la vez que se recorta, se les condonan las aportaciones al Tesoro Público a las empresas amigas. Sin complejos.

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