15 sept. 2014

REFERENDUM EN ESCOCIA


He leído estos días tantas protestas sobre la diferencia entre Escocia y Cataluña que me parece necesario decir unas cuantas obviedades. Ahora estoy escuchando en BBC Parliament el tributo al fallecido líder unionista Ian Paisley . Es casi una casualidad histórica que la muerte de este carismático líder político y religioso coincida con el referéndum del 18 septiembre. Ahora escucho a los miembros del DUP –su partido- hablar, después de incluso haberme sorprendido de cómo su acérrimo oponente y al mismo tiempo vice-presidente de su gobierno Martin McGinnes se haya referido a él como “my friend”. Pero, claro, en UK se hace política, y no la basura que se hace en el Reino de España.

¿Quién ha convocado el referéndum? Nada menos que un primer ministro tory, David Cameron ¿Alguien se imagina a un político de la derecha española convocando un referéndum sobre la independencia de Cataluña? Evidentemente no. Los tories pueden ser muy de derechas, pero antes son demócratas, no como los del Sur. Claro, en España no hay conservadores, sólo unos tipos autoritarios que no aceptan el reto de la democracia.
¿Qué ha hecho la reina Elizabeth ante las presiones de que se manifestara por el voto negativo? Expresar su absoluta imparcialidad. Se dirá que no se cuestiona la condición suya de reina de los escoceses, pero hete aquí una monarquía radicalmente neutral, lejos de los impertinentes comentarios que tenemos que escuchar de nuestro jefe del Estado –al menos, del anterior-.

En cuanto a Escocia, curiosamente aquí no se amenaza a los del “yes” con unas consecuencias desfavorables sin cuento. No es objeto de gran debate la continuidad de Escocia en la UE. La única música discordante que se escucha es la de los “músicos de aldea” del directorio de la UE. El debate aquí es enormemente práctico, centrado en cuestiones económicas, de mercado y de país. Por supuesto, entran en juego elementos emocionales, y aquí claramente Alex Salmond y el SNP han ganado claramente la partida, sin duda por cierto grado de torpeza de los partidarios del “not”, que han hecho una campaña más bien en negativo.

El problema de Cataluña no es el Escocia por la sencilla razón de que la calidad democrática del Reino Unido y la del Reino de España no es la misma, esa es la gran diferencia. No se trata de que gane el sí o en no, sino de que la democracia se haga real. Yo no quiero una Cataluña independiente, quiero a los catalanes y un Reino de España sin ellos sería menos habitable. Pero me parece intragable todo este discurso moral sobre la unidad de España. Como si esa unidad fuese un valor moral en sí mismo. Algunos quisiéramos que, como mucho, fuera un valor democrático.

Lo más insultante de opiniones como la de la editorial del País de hoy es que haga referencia a las fronteras del 1707 en las Islas. Pero, ¿es que hemos olvidado cuándo nace el Estado español como entidad de suyo? A algún creador de opinión habría que recomendarle la lectura de algún texto divulgativo, como “Reinos Desaparecidos”, de Norman Davies, A ver si nos enteramos de algo.

Ahora escucho a la secretaria general del TUC Frances O’Grady en el congreso anual, este año en Liverpool. Es terrible el proyecto desregulador de los tories, sin duda alguna. Es terrible que el índice de cobertura de los convenios colectivos en el sector privado haya caído al 16 por 100. Sin duda, aquí hay muchas paradojas. Pero, al menos, hay un poquito más de democracia. Desde luego, muy imperfecta, pero suficiente como para darnos sopa con ondas. Por cierto, quizá la paradoja de un hipotético sí es que daría paso a un gobierno laborista de Escocia, no a uno del SNP.

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